El funeral de la filosofía, reflexiones sobre el devenir del pensamiento crítico.
Escrito por Andrés Acosta Barrera, profesor de filosofía.
Andresacostabarrera9911@gmail.com
1.
El
funeral de la filosofía, reflexiones sobre el devenir del pensamiento crítico.
Este escrito tiene la pretensión de generar una aproximación hacia el
pensamiento de Immanuel Kant. Para ello se propone abordar la lectura de La
Crítica de la Razón Pura. Este libro se publicó en el año 1781 y se establece
allí una investigación sobre lo qué significa ser humano. Se investiga por ello,
el modo como el ser humano construye la objetividad. Se pone en cuestionamiento
el modo como el sujeto pone y proyecta horizontes de sentido. Para lograr la comprensión
sobre el ser humano se requiere preguntar ¿qué es el ser humano? No obstante, ¿Puede
lograrse esto deteniéndose a pensar de un modo profundo sobre lo que caracteriza
esencialmente al ser humano, es decir, su pensamiento? La palabra crítica es
aquí esencial puesto que es el pensamiento crítico el que cuestiona sobre las
maneras en que el pensamiento condiciona la construcción de la objetividad.
¿Qué significa pensar críticamente? Esta pregunta no puede dejarse de lado sobre
todo en momentos en que se ha planteado una supuesta guerra cultural. No
considero pertinente hablar de una guerra, puesto que es éste un término que
aman los que codician el poder, los que se satisfacen con el lucro exacerbado,
de los carentes de sentimientos como la empatía y el amor por el otro. Pensar críticamente
significa primeramente cuestionarse a sí mismo y ahondar en la naturaleza del
propio yo. En la obra de Kant se establece una posible búsqueda del sí mismo,
permitiendo la posibilidad de generar otras interpretaciones, otras visiones en
una época que ya ha sido capaz de consolidar una imagen del mundo.
Lo que se propone investigar Kant es la naturaleza de la razón humana.
La pregunta por la razón humana es una cuestión que surgió demasiado tiempo
atrás. No obstante, para Kant no han sido suficientes las respuestas que a lo
largo del tiempo han expresado su comprensión sobre el pensamiento. ¿qué es la
razón? ¿qué es el pensamiento? ¿de qué manera considerar componer una respuesta
lógica, concreta y sensata? Para Kant tal cuestionamiento ha de resolverse
examinando la naturaleza del lenguaje. Por ello se lee en el título del libro el
extraño término “razón pura”. El estudio del pensamiento crítico ha de
considerar la evaluación de la razón analizando la estructura del lenguaje. ¿De
qué manera estudiar el lenguaje? ¿Desde qué criterio y perspectivas se puede
estudiar la naturaleza del lenguaje?
En el comienzo de la Crítica de la Razón Pura, en el primer
prefacio, afirma Kant que la razón tiene un destino singular. Este destino se
relaciona con su naturaleza metafísica. Es el ser humano el único que puede
comprender una realidad que se encuentra más allá de su perspectiva inmediata.
El ser humano no solo contempla lo que tiene ante sí como una cosa inerte,
quieta, “muerta”. También le es posible advertir en lo otro una pasión, un
sentimiento, una manera de interpretar que se conecta directamente con la
complejidad de la cultura con la que nace cualquier persona. En aquel destino,
la razón plantea cuestionamientos que no puede rechazar dado que la misma razón
produce esas otras posibles maneras de entender el mundo. Sin embargo, ¿cómo
puede el pensamiento resolver los cuestionamientos que su naturaleza metafísica
le plantea? Al ser humano le cabe la responsabilidad de definir y realizar su
propia naturaleza. Tiene para sí la tarea de responder aquellos cuestionamientos
que escapan inicialmente a su comprensión.
La pregunta inicial de Kant en el texto de la Crítica de la razón pura
se refiere a cómo el ser humano puede lograr una comprensión de sí mismo,
suponiendo que es un ser metafísico. Afirma que el ser humano cae en confusión
y perplejidad ante los cuestionamientos que su propia razón genera: ¿Qué
significa la libertad? ¿qué es el amor? ¿qué significa una guerra? ¿qué es el
destino? ¿qué es la muerte? ¿puede en algún momento de la vida existir el pleno
silencio, asumiendo una negación del ser, el cual es palabra, sonido, y también
pensamiento? Las preguntas mencionadas son apenas pinceladas entre las
infinitas posibles preguntas que el pensamiento puede realizar. No obstante,
debido a la dificultad que implica comprender estos cuestionamientos, se precisa
ir más allá de las diversas interpretaciones asumidas y realizadas a lo largo
de la historia del pensamiento y considerar que la necesaria comprensión que el
sujeto ha de resolver en sí mismo, ha de dirigirse hacia la comprensión de las
facultades de su propia razón.
2.
La metafísica: el ámbito que
exige la necesaria comprensión del ser humano.
¿Cómo puede resolver el ser humano la imperativa situación de
comprenderse a sí mismo? Esto no es algo sencillo de realizar puesto que la
misma razón humana se encarga de plantear inmensas problemáticas a la
naturaleza humana. Esto tiene su razón en la naturaleza metafísica del ser humano.
El ser humano mediante el lenguaje puede construir diversos horizontes de
sentido, puede determinar diversas proyecciones de la realidad. Pero esto es posible
únicamente por la capacidad del ser humano de atribuir sentido y significado a la
experiencia de la vida. No obstante, ¿se comprende cómo el ser humano proyecta
su realidad, se entiende de qué modo el ser humano proyecta su propio mundo? Heidegger
escribe en su ensayo sobre la Tesis del ser en Kant, que la comprensión de que
la roca es pesada es posible por el término ser. El termino es, el ser, es el
que posibilita la idea de roca y de su peso. No nos es necesario tener la roca
ante sí para comprender su posible existencia y con ello analizar una idea, una
proposición. La idea fundamental que plantea Kant se refiere al desconcierto que
genera para la razón el usar su ser metafísico sin tener plena conciencia de
éste. Si no se estudia la naturaleza metafísica del ser humano, no será posible
salir al paso de la idea hegemónica de convertir al ser humano en un ser que se
satisface plenamente en la inmediatez de la distracción y el consumismo, o en otros
términos de la definición imperante como ser enajenado.
La naturaleza metafísica del ser humano se manifiesta en su lenguaje. Afirma Kant que la razón usa principios que
son inevitables en el curso de la experiencia. Debido a que el lenguaje se
convierte en algo cotidiano no se toma en cuenta la pregunta por el modo como
el lenguaje funciona. Por lo cual, no se pregunta si el lenguaje posee
principios o reglas. Es en el momento en que el humano decide meditar y pensar
sobre sí mismo cuando toma en cuenta la consideración por el lenguaje. Dice
Kant “Con tales principios la razón se eleva cada vez más (como exige su propia
naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas”. ¿A qué tipo
de principios se refiere Kant? ¿qué significa la palabra principio? ¿Puede esto
tener relación con el interés que de tiempo atrás tenían los presocráticos al
establecer la definición del arje, el principio, como el origen de la physis? La investigación del
lenguaje se pone de antemano como un asunto complejo y enigmático puesto que se
trata de develar, de mostrar, su ser concreto. Se trata, por lo tanto, de abstraerse de la apariencia inmediata del lenguaje, de su uso cotidiano, enfocado en el para qué
de las cosas, y de este modo remitirse al porqué y con ello al cómo del
lenguaje.
3.
La
muerte de la filosofía: el reto para el pensamiento crítico.
Es preciso y necesario sospechar sobre la naturaleza del lenguaje.
Sospechar significa cuestionar, criticar. No puede la razón estar satisfecha
con una visión simple y superficial de la realidad. Pero, ¿qué ocurre cuando se
quiere imponer la falta de reflexión, el desinterés por cuestionar, ¿qué ocurre
cuando en el mundo se muere el amor por la sabiduría? Podría afirmarse que
existe la pretensión de dar sepultura a la filosofía y con ello evitar el molesto
inconveniente de pensar seriamente la realidad, una realidad que tiene como
trasfondo la naturaleza metafísica del ser humano. Kant hace un llamado a
sospechar específicamente de aquellos principios que escapan al ser empírico
del lenguaje. Es decir, cuestionar por el modo cómo el lenguaje configura y
determina de antemano la naturaleza de la experiencia. Si se piensa, por
ejemplo, en una mesa se puede afirmar que se observa su color, que tiene cuatro
patas, que se ve un poco chueca, pero puede decirse a su vez, que es
rectangular, que tiene tanto de alto como tanto de ancho, y que su volumen es
una determina cifra. En esta manera de pensar las cosas se puede sospechar que
tales cualidades no son propias de la cosa llamada mesa, sino de determinaciones que tiene
su base en principios mediante los cuales el lenguaje configura el concepto de
mesa.
Hay un problema filosófico cuando se menciona que la razón esta de acuerdo
con los principios que utiliza para modelar la experiencia humana.[1]
Sin embargo, este acuerdo con los principios con los cuales se configura la
experiencia, conlleva a no entender qué significa propiamente la razón. Al no
comprender la razón con cuales principios distingue el uso puro y el uso empírico
en la experiencia, cae aquélla en contradicciones, es decir, en la oscuridad, la
confusión. Se trata por ello, de saber por qué la razón se contradice a sí
misma y se confunde en el momento de responder los cuestionamientos de índole metafísica.
¿es posible responder la pregunta por la libertad, atendiendo a principios de carácter empírico, es decir, teniendo únicamente en cuenta las experiencias, situaciones
y hechos particulares, que el ser humano ha vivido en relación con la libertad?
¿pero no escapa la libertad a las experiencias singulares y personales, para
definirse como un principio que se refiere a una cualidad intrínseca de la
naturaleza humana? El lenguaje, el poder, la ética, el tiempo, Dios, la
realidad, son términos o expresiones que no son fáciles de responder, puesto
que su comprensión va más allá de la supuesta realidad inmediata. En el
continente de la metafísica se ha pretendido resolver la comprensión sobre las
preguntas que la naturaleza de la razón impone, pero el lograr responder las
preguntas que la razón plantea, implica y exige saber de antemano, que
principios o formas de determinar la experiencia posee la razón. De este modo
se evita el inconveniente de seguir continuando en una lucha sanguinaria,
cuando se ponen frente a sí diversas maneras de entender la comprensión y el direccionamiento
de la experiencia.
4.
¿Por
qué el desprecio hacia la metafísica? Breves consideraciones sobre el
dogmatismo y el escepticismo.
Para Kant fue claro afirmar en
1781, como lo haría probablemente hoy, que la moda actual es despreciar a la metafísica.[2]
En alguna otra época la metafísica, es decir, el estudio por el ser, se
consideraba como la reina de todas las ciencias. Se sabe que fue Aristóteles
quien escribió allí sobre los principios que configuran el ser. Sin embargo, se
lamenta la metafísica de la siguiente manera: “Hasta hace poco la mayor de
todas, poderosa- entre tantos yernos e hijos, y ahora soy desterrada como una
miserable.” Kant cita a Ovidio, un poeta romano, para dar cuenta de la
lamentable situación de la reflexión filosófica. Kant menciona cuales maneras
de pensar han puesto en riesgo o se han disputado el dominio de la metafísica.
Por una parte, se halla el dogmatismo y, por otro lado, el escepticismo. El dogmatismo
se refiere a un modo de pensar que asume verdades y principios absolutos que no
merecen cuestionarse o ponerse en entredicho. De un modo contrario, el
escepticismo pone en entredicho toda verdad, “especie de nómadas que aborrecen
todo asentamiento duradero”, sin considerar asumir una base o asentamiento duradero.
De acuerdo con Kant, predominan aún estas perspectivas en el ámbito
contemporáneo. Se ha llegado al hastió y la indiferencia respecto a la filosofía,
puesto que no es mucho lo que tiene que decir o aportar a la comprensión de la
realidad. Este desprecio hacia la metafísica se revela en la consideración de
que es la experiencia empírica el fundamento de la metafísica, según John
Locke. Según Locke, la metafísica ha sido posible por la inicial experiencia
del ser humano con una realidad externa. Es esta realidad la que le permite al
ser humano comenzar la experiencia del pensamiento mediante las relaciones empíricas.
No obstante, Kant considera que tal experiencia es algo plebeyo, es decir, algo
que no corresponde a la dignidad que merece la metafísica.
La discusión que plantea Kant se dirige contra la perspectiva que asume
que la realidad tiene su base en la experiencia empírica. Es decir, que son los
sentidos en su relación con el mundo externo, los que fundamentan la
experiencia general del ser humano. Sin embargo, Kant cuestiona, a su vez, el
proceder de las escuelas racionalistas que han hecho de la metafísica un
discurso ajeno a las situaciones propiamente humanas, aquellas experiencias que
se vinculan con el mundo de la vida cotidiana; dadas la contingencia y la relatividad
de las experiencias empíricas y la incertidumbre que manifiesta su incesante
cambio, no es posible a partir de aquellos saberes empíricos determinan ley o
principio que dé cuenta de los sucesos de un modo universal y necesario. Según
los empiristas no existen objetivamente las ideas innatas, los principios a
priori. La posibilidad de tales postulados remite a la inicial experiencia empírica,
la cual da sentido a las proposiciones de la metafísica. Según Hume, las ideas
metafísicas son el producto de la costumbre, relativo a un recurrente modo de
hablar y de organizar las ideas. No hay propiamente ideas innatas sino
adiciones de experiencias que parten de lo singular, logrando con ello
construir ideas generales y complejas. Es una ilusión pretender que existan
ideas antes de cualquier tipo de experiencias, de no ser así, no existirían las
diversas culturas, diversas maneras de expresar la espiritualidad, distintos
tipos de rutinas, hábitos y lenguajes que ponen en duda la existencia de
verdades generales y universales. Para Kant resulta ser legitima la crítica al
dogmatismo del racionalismo puesto que, si es la experiencia empírica la que permite
determinar el sentido y el surgimiento de la experiencia general de la razón. No solo pueden ser validos los principios de
las ciencias matemáticas o físicos, las cuales desprecian la contingencia y la inestabilidad
del mundo empírico.
5. El devenir del pensamiento
crítico: ¿su renacer o su destrucción?
Se requiere una transformación y una clarificación del pensamiento en
una época en que el lenguaje o la información se reproduce a una velocidad
jamás experimentada en siglos anteriores. El problema que genera consigo tal
multiplicación y proliferación de ideas es la producción del indiferentismo
ante la comprensión de la objetividad. Como afirmó Hegel en la Fenomenología, “todos
los gatos son pardos en la noche” Significa esto que cualquier tipo de
información o de saber se considera válido y legitimo sin ponerse frente al cuestionamiento
del pensamiento crítico. Cuando circunda como una pandemia la mentira, la
manipulación, el dogmatismo y el escepticismo frente a cualquier consideración
pretendidamente científica o filosófico, se requiere dialogar nuevamente sobre
el ser, sobre el cuestionamiento por el lenguaje, sobre el modo como nosotros,
los seres humanos, interpretamos el mundo circundante. Se vive en una época en
la que el poder ha querido implantar de manera exclusiva su visión del mundo.
Un mundo en el que no se hace necesario cuestionar las perspectivas, los
procesos que configuran la realidad, la diversidad cultural y humana que habita
en el planeta tierra. Hoy en día se requiere plantear éticamente el modo como
se ha establecido una imagen del mundo que puede ser perniciosa para el propio
ser humano.
Afirma Kant que es inútil la
pretensión de fingir indiferencia frente a investigaciones cuyo objeto no puede
ser indiferente a la naturaleza humana. Por más que se quiera propagar la idea
de que no vale la pena perder el tiempo en especulaciones metafísicas,
asumiendo que lo único que tiene valor es pensar únicamente en el aquí y el
ahora, evadiendo remitirse al proceso del pensamiento, y al devenir de las
culturas, se precisa enfocar tal indiferencia
a la que pregunta que sigue siendo válida, pese al interés de las grandes
multinacionales, los emporios del poder, de imponer un lenguaje mecánico,
repetitivo, poco reflexivo, carente de creatividad y de iniciativa: ¿ qué es el
ser?. El ser humano no puede escapar de su naturaleza metafísica, ni escatimar
las preguntas que una y otra vez agobian su existencia. Estas preguntas habría
que definirlas como caminos, como sendas que remiten a la nada, es decir, a lo
que aún no ha sido dicho, a lo que aún permanece en el silencio. Se trata de
poner entre paréntesis aquel saber que se reproduce y se deleita en su monótona
repetición. Pero como afirma Hegel, el pensamiento procura enfrentar la cosificación
de las ideas, la inmutabilidad de la opinión, y asumir de nuevo la ineludible tarea
de mantener con vida el pensamiento crítico.
Bibliografía
Kant, Immanuel. (2008) Crítica de la Razón Pura. Taurus.
Fromm, E. (1962). El concepto del hombre en Marx. México: Fondo de
Cultura Económica.
Hegel, G. W. (1955). Lecciones sobre la historia de la filosofía.
México: Fondo de Cultura Económica.
Hegel, G. W. (2002). Fenomenología del Espíritu. México: Fondo de
Cultura Económica.
Hume, David. (1988). Investigación sobre el conocimiento humano. Alianza
Editorial.
[1] “Pero, advirtiendo que de esta forma su tarea ha
de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a
recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen,
no obstante, tan libres de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de
acuerdo con ellos”. (Kant, 2008, p. 7)
[2] “La moda actual, por el contrario, consiste en
manifestar ante ella (la metafísica) todo su desprecio” ( Kant, 2008, p, 7-8)
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